Bebedores de aceite
Concepto visual y diseño de portada
El reto
Representar visualmente un futuro utópico sin recurrir a imaginarios futuristas convencionales.
La solución
Propuesta visual basada en el concepto de expansión y transformación, utilizando el aceite como elemento gráfico principal.
Resultado
Una portada capaz de condensar la atmósfera onírica y especulativa.

Bebedores de aceite es la primera novela de Anna Ribera y Carme Rabell, escrita durante la pandemia. La historia combina ciencia ficción, prosa poética y narrativa especulativa para imaginar un escenario inesperado: una nave espacial regresa a la Tierra tras años de ausencia y descubre que el planeta ha conseguido regenerarse por sí solo. Las desigualdades han desaparecido, la naturaleza ha recuperado su equilibrio y las personas conviven sin divisiones basadas en fronteras, religiones o identidades nacionales.
La premisa plantea una pregunta tan sencilla como inquietante: ¿qué ha ocurrido mientras estábamos fuera?
Traducir una idea compleja a una imagen
El principal reto del proyecto consistía en representar visualmente el universo de la novela sin recurrir a los códigos habituales de la ciencia ficción. Más que hablar de tecnología o de exploración espacial, la historia propone una reflexión sobre el futuro, la convivencia y la relación entre humanidad y naturaleza. La portada debía transmitir esta atmósfera entre lo utópico y lo poético, dejando espacio para la interpretación y la imaginación del lector.
El aceite como metáfora visual
El concepto gráfico surge a partir del propio título de la obra, que se inspira en la expresión «Hem begut oli». El aceite se convirtió en el elemento central de la propuesta por su capacidad para expandirse, transformarse y adoptar formas imprevisibles.
Una utopía en verde
La elección cromática estuvo marcada por uno de los temas centrales del relato: la regeneración medioambiental. Los tonos verdes aportan una lectura inmediata vinculada a la naturaleza, el crecimiento y la recuperación del entorno, alejándose de las representaciones distópicas o tecnológicas que suelen acompañar al género.
La tipografía Sporting Grotesque complementa la propuesta aportando una estética contemporánea y ligeramente futurista, capaz de convivir con las formas orgánicas sin competir con ellas.

Una imagen abierta a la interpretación
Más que ilustrar escenas concretas de la novela, la portada busca condensar las preguntas que atraviesan el relato. Una imagen abierta que invita al lector a imaginar qué ocurre cuando el planeta encuentra nuevas formas de equilibrio y cómo podrían ser los futuros que todavía están por escribirse.
